Ahora, para ser un dictador, no necesitas tanques, basta tener a tu servicio un periódico, una radio, una TV. Es un medio menos cruento, más barato e igual de eficaz.
No eran necesarios los tanques, y además uno se ahorraba todo aquello que había que poner en marcha al día siguiente del triunfo de cualquier dictadura: la analfabetización funcional del paisanaje. Era suficiente con colocar cuatro o cinco necios en los puestos estratégicos del "medio", y ellos solos se bastarían para llenar el cerebro de bichos (crearán bugs en el sistema sistema operativo de los fieles lectores). Bueno, quizás, junto a esta labor de siembra, había que desbrozar el panorama de todo aquello que sonase a genialidad. Porque en tierra de genios es más difícil que arraige la plante del necio.
Escribe J. M. Costa: "En nuestras frágiles democracias, el sistema de medios se constituye en un poder específico, no legitimado en su origen y muchas veces deslegitimado por el sectarismo de sus intereses, que frecuentemente compite con los poderes institucionales de la República. El papel de "perro guardián" a muchos se les ha subido a la cabeza y bajo el rótulo de la "crítica" se fomentan y defienden -abierta o solapadamente- intereses económicos o políticos que, en la libre competencia democrática, quizás no tendrían mayores perspectivas o adhesiones"
José Manuel Pérez Tornero, catedrático de la Universidad de Barcelona, en una brillante teleconferencia desarrollada en el citado evento en tierras uruguayas, sostenía que el concepto de "libertad de prensa debe ser reformulado" buscando que sea respetuoso de la libertad de expresión de la ciudadanía y promotor de una verdadera "conciencia crítica" de la misma. Superar, proponía, el papel de "tutores de la opinión pública" para permitir la creación de un sentido crítico ciudadano..."
Así, Braulio quizás en sus años de estudiante soñó en ser el "perro guardián", el "tutor de la opinión pública", sin percibir que esos papeles o eran sino papeles secundarios de una gran comedia representada por la dictadura; papeles que se justificaban en la debilidad de la gente, en su minoría de edad mental, y en la consiguiente necesidad de ejercer por ellos la capacidad de decisión. Pero enseguida comprendio. Braulio era malo, malo de verdad, pero no era tonto. Comprendió que
De nuevo J. M. Costa: "¿No estaremos, pues, ante la lógica de un sistema de medios que, de alguna manera, reproduce las motivaciones y mecanismos de la dictadura política? ¿No será que detrás de la "saturación informativa" o el "endiosamiento de la polémica" o la "información como mero show mediático" se esconde la necesidad de preservar un público carente de criterios al cual se pueda manipular, con el cual se pueda ejercer tutela mental y política, y al cual se pueda arrastrar oportunamente hacia la defensa de intereses económicos de los grupos de medios?
¿Hay diferencias entre la hegemonía del sistema de medios y la dictadura mediática?"
PRIMERA DAMA
Hace 14 años
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