lunes, 16 de noviembre de 2009

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Aunque este relato se inicia cuando la vida del personaje se halla in-media res, yo, el autor, conozco ya el final, como deberían conocerlo todos cuantos en vida han conocido y conocen al personaje. Y deberían conocerlo, al menos quienes han visto Ciudadano Kane.

[El verdadero significado de Rosebud en la película es bastante profundo como para tratarlo en este post. En pocas palabras, se podría decir que Rosebud viene a significar todo ese pasado que Kane no pudo vivir, la falta de cariño por parte de sus padres, la posibilidad de recibir una buena educación familiar, etc. En definitiva, esta palabra encierra todo aquello que hace de una vida que sea feliz. Podría considerarse a Rosebud como un concepto parecido al de “vida lograda” aristotélico. Kane se lamenta a los últimos días de su vida la pérdida de un pasado feliz, y también puede sugerir que se arrepiente de la vida que ha llevado, pues como se ve en la película, intenta encontrar en el poder, el dinero, etc., es decir, en los placeres materiales, todo aquello que precisamente no se puede conseguir de ellos, como el amor materno, la confianza, etc. Significativa es la frase siguiente: “Si no hubiera sido tan rico, hubiera llegado a ser un buen hombre”.
Como bien es sabido, Ciudadano Kane está inspirada en la vida de uno de los periodistas americanos más famosos del siglo XX: Hearst. Parece ser que el origen del nombre de Rosebud está en que era el mote que utilizaba Hearst para referirse a las partes íntimas de su esposa. La película creó una gran polémica]


Uno podría pensar que la historia se repite, pero nadie que conozca a nuestro personaje apelaría a una respuesta tan simple e ingenua. Nuestro héroe, a quien llamaremos para entendernos "mister X", se sabía un hombre de suerte. Es verdad que su cuna no había sido bendecida por la fortuna, por eso que hoy casi todos entienden por fortuna: su padre era carnicero y su madre chichorrera. ECHAR MANO DE CELA Y DEL CASARES PARA MULTIPLICAR LOS SINÓNIMOS.

Sin embargo, desde la infancia nuestro hombre (al que todavía le faltaban muchas primaveras para convertirse por méritos propios en mister x) había sido una persona de suerte. CITAR FRASES DE PEDRO J. Por dos años consecutivos se había llevado la caja de jueguetes sorteados por Cáritas diocesana entre los niños pobres. Más tarde se llevaría el primer premio de la lotería. REPETIR LAS CITAS DE PEDRO J.

El azar es caprichoso, desde luego. Pero el futuro "mister X" sabía bien, supo desde siempre que estaba bendecido, y antes de vivirlo conocía parcelas extensas de su vida. Si él se lo proponía podía ser quien quisiera. Y así, supo desde casi la infancia que él sería SUPERMAN, KANE, MORTADELO, ETC. Facilidad inmensa para la impostura... Él supo desde el principio que su biografía no la escribiría la vida sino que él se la iría dictando a la vida y a quienes le rodeaban. Y, si la vida se equivocaba, ya se encargaría él de corregir a la vida. Y, si quienes le rodeaban no estaban dispuestos a ver en él a quien él decía, ya se encargaría él de reducirlos, como había aprendido de su madre, en un amasijo de vísceras. Es curioso lo que ocurrió en cierto momento de su vida con alguien que pretendió desenmascararlo. [Borges: Lady Tichborne murió en 1870 y los parientes entablaron querella contra Arthur Orton por usurpación de estado civil. Desprovistos de lágrimas y de soledad, pero no de codicia, jamás creyeron en el obeso y casi analfabeto hijo pródigo que resurgió tan intempestivamente de Australia. Orton contaba con el apoyo de los innumerables acreedores que habían determinado que él era Tichborne, para que pudiera pagarles.
Asimismo contaba con la amistad del abogado de la familia, Edward Hopkins, y con la del anticuario Francis J. Baigent. Ello no bastaba, con todo. Bogle pensó que para ganar la partida era imprescindible el favor de una fuerte corriente popular. Requirió el sombrero de copa y el decente paraguas y fue a buscar inspiración por las decorosas calles de Londres. Era el atardecer; Bogle vagó hasta que una luna del color de la miel se duplicó en el agua rectangular de las fuentes públicas. El dios lo visitó. Bogle chistó a un carruaje y se hizo conducir al departamento del anticuario Baigent. Éste mandó una larga carta al Times, que aseguraba que el supuesto Tichborne era un descarado impostor. La firmaba el padre Goudron, de la Sociedad de Jesús. Otras denuncias igualmente papistas la sucedieron. Su efecto fue inmediato: las buenas gentes no dejaron de adivinar que Sir Roger Charles era blanco de un complot abominable de los jesuitas.] Las cosas, aunque no han quedado muchos testimonios de ello, le obedecían. Pero sobre todo le obedecían las gentes, a las que inicialmente cautivaba con el dinero, para luego atarlos por los cojones a partir de informaciones que se encargaba de recabar o, mejor y más barato, de inventar.


Él sabía que podía ser a la vez, o sucesivamente, quien quisiera. Por ignorancia, por fanatismo o por mongolismo, había mucha gente dispuesta a instalarse en la ficción y a creerse lo que fuera. Él sabía que la gente de su tierra era maniquea por naturaleza y que se aprovechaba bien de ese maniqueísmo. Dijera lo que dijera el sabía que tendría miles de seguidores si les servía bien aderezado el menudillo, las vísceras y las tripas de lo que estos miles querían oír, aunque ello implicase la animadversión de otros muchos.

Él era capaz de ver el futuro con la misma claridad que otros ven el pasado. Le bastaba con construir ese futuro con palabras para que su voluntad se cumpliera tal cual y las cosas fueran ocurriendo tal y como el las pensaba. Es verdad que la realidad a veces tendía a resistírsele, pero él sabía –como saben todos los fundadores de una secta– que a su favor tenía un ejército dispuesto a imponer la voluntad del iluminado.

[Borges: Bogle no se inmutó con esa pérfida maniobra de los "parientes"; requirió galera y paraguas y fue a implorar una tercera iluminación por las decorosas calles de Londres. No sabremos nunca si la encontró. Poco antes de llegar a Primrose Hill lo alcanzó el terrible vehículo que desde el fondo de los años lo perseguía. Bogle lo vio venir, lanzó un grito, pero no atinó con la salvación. Fue proyectado con violencia contra las piedras. Los marcadores cascos del jamelgo le partieron el cráneo.

Tom Castro era el fantasma de Tichborne, pero un pobre fantasma habitado por el genio de Bogle. Cuando le dijeron que éste había muerto se aniquiló. Siguió mintiendo, pero con escaso entusiasmo y con disparatadas contradicciones. Era fácil prever el fin.

El 27 de febrero de 1874, Arthur Orton (alias) Tom Castro fue condenado a catorce años de trabajos forzados. En la cárcel se hizo querer; era su oficio. Su comportamiento ejemplar le valió una rebaja de cuatro años. Cuando esa hospitalidad final lo dejó —la de la prisión— recorrió las aldeas y los centros del Reino Unido, pronunciando pequeñas conferencias en las que declaraba su inocencia o afirmaba su culpa. Su modestia y su anhelo de agradar eran tan duraderos que muchas noches comenzó por defensa y acabó por confesión, siempre al servicio de las inclinaciones del público.